Revista de creación artística y literaria
14 de noviembre de 2008
Presentación en la Librería Rafael Alberti
12 de noviembre de 2008
LETICIA VERA

Dejo de saber quien soy,
cuando el hierro,
el óxido,
caen sobre mi cabeza.
Busco en el cabello de mi madre
escorpiones,
terciopelo.
La distancia justa,
pánico de ser.
Bebamos agua de lluvia.
Olvidé.
Me olvidé de mí misma,
de la dureza del mundo,
de lo importante
que puede llegar a ser
llevar guantes,
cuando manejo
balas de plata.
http://basurerodetinta.blogspot.com
5 de noviembre de 2008
ROSA MARÍA GARCÍA BARJA

Yo te dije... o no te dije nada, eso es lo malo. Pero me acostumbré a tu mundo callado, a tu respiración con compás de nana, a tu olor, a tu paso vacilante mientras recorrías la casa como si fueras mi sombra, y a tu indiferencia por los jazmines del patio.
Tu nunca te mirabas en los espejos y yo me miraba demasiado sin encontrarme.
Compartíamos los cuencos de barro, la manta de lana, la plata de la luna que filtraba la enredadera, la lumbre y la siesta.
Rara vez fui pródiga en caricias, lo confieso. A cambio, Tu ignorabas mis arrebatos de melancolía. No había porque enfadarse; la balanza de los sentimientos guardaba un absurdo equilibrio.
Llorábamos a solas, estoy segura. Nos dolía el miedo a perdernos. Era un intento trágico de independencia que nos hacía dependientes de la soledad compartida.
Y mi torpe empeño en que te gustaran mis poemas, mi tarta de manzana, o el otoño. ¡Que insensible! Tu.
Ahora no se si en las tardes sin relojes era yo quien te buscaba para que pusieras barrotes a mi tiempo, o eras Tu, inquilino a deshora el que abría de par en par mis silencios.
Aun antes de oír mi risa, eras cómplice de mi alegría y mi regazo tu almohada en los momentos tristes...
Hoy el jardín está lleno de hojas amarillas, la fría enredadera invadió mi casa borrando de los muros tu paso por mi vida.
Estoy sin querer odiando, como Tu, el otoño.
Arrincono mi corazón con tus cenizas y cierro la puerta con cerrojos ahora que te has ido.
Habrá quien me pregunte si tanto te quería... Si solo eras un perro!
Un perro... Mi perro llamado TU.
30 de octubre de 2008
JESÚS BENAGES
DURANTE TODAS LAS SOMBRAS DEL DÍA
Observo todo aquello que parece individual o dirigido.
La preocupación se desplaza consciente y hambrienta.
Me subo a lo alto de la acera y observas,
Pierdes el sentido y un vértigo de diez centímetros te paraliza.
Simplemente es mejor no entender la vida de un hombre,
El ser pretérito y circunstancial.
Y no es miedo, ni un testigo común, o desmesurada inmadurez,
Lo que me lleva a escribir esto.
26 de octubre de 2008
LUNA MIGUEL
22 de octubre de 2008
JOSEP M RODRIGUEZ

Yo quería contar tus lunares
uno, dos, tres cuatro, cuatrocientos,
y todas las lápidas se interponían entre nuestros cuerpos,
ahora insípidos lugares que no frecuentar.
Si te hubiera dicho que sí,
A la noche desvestida y al licor ardiente
Ahora les faltaría la fuerza de matar.
Yo solo quería contar tus lunares
uno, dos, tres cuatro, cuatrocientos,
y tu espalda era una puerta sin mirilla.
Hoy ya no quedan muertos en mis ojos
Y en tu puerta ,
El lugar de mis nudillos
lo ocupa un lamento mudo.
Yo solo quise contar sus lunares,
Uno, dos, tres, cuatro, cuatrocientos,
El tiempo mordiéndome la muñeca
Y el sol desgastándolo todo
Como en una vieja polaroid.
19 de octubre de 2008
FRANCISCO MUÑOZ SOLER

HALLAR LAS DIMINUTAS ESENCIAS
Hallar las diminutas esencias
que vagan con frecuencias propias
en un universo de constelaciones
repletas de enanas y gigantes,
encontrar la catarsis
que catalice inesperadamente
las electromagnéticas sustancias
y trasvasarlas hasta mis ondas
para germinar palabras, matices
trasladarlas con el eje exacto
en el que sus múltiples aristas
converjan y dispersen
encontrándose a sí mismas,
que esas complejas y corpóreas formas
encuentren hogares propios
cuando mis vértebras
las impulsen hacia destinos inciertos
y me quede huérfano de mi mismo.
12 de octubre de 2008
9 de octubre de 2008
5 de octubre de 2008
CRISTIAN A. ASTIGUETA
quisiera / regresar a casa / coser mis muñecas / virar la lluvia / la ventana / oír el pecho de mamá / lamerme el alma / descansar / / pero los ángeles / echaron abajo el puente / i mis córneas / los ángeles no dormimos (dijiste) / i el polvo blanco / reptaba / rumbo al cielo / quisiera / perder mi corazón / en una gran avenida / saturada / de perras / insanas / quisiera / saber / oh! beat! / cómo te hiciste reina? / tú / tú que eras el mejor polvo / del universo / quisiera / olvidar
1 de octubre de 2008
ROGER FERRER

REGALOS QUE LLENAN EL CORAZÓN
De camino hacia su nueva casa, Juan Barjuán pasó ante un escaparate donde se exponían televisores grandes como su carrito de la compra; luego, en el siguiente aparador, se exhibían maniquíes en provocativas poses. Por la tardía hora de ese atardecer de invierno, debía de faltar poco para que cerraran. La temperatura bajaba cada vez más; el frío se le colaba por los agujeros del gorro de lana y del gabán viejo. ¿Y lo calentito que estaría dentro de Galerías Felicidad?
En una de las esquinas del gran almacén se ubicaba el sector de la alimentación con su correspondiente restaurante. Hasta Juan flotó el apetitoso aroma de cafés, pan caliente, pastas. Era tan tarde... ¿Cuánto debía llevar sin comer? Se le hizo la boca agua. Tal vez lograría engañar al hambre persuadiéndose de que también se comía por la vista y el olfato.
La última de las secciones expuestas en el largo aparador estaba especializada en el mobiliario del hogar; Juan observó detenidamente los cómodos colchones. «Ideados para aquellas personas que no se conforman con poco», leyó.
Dejó el centro comercial; cruzó la calle y se dirigió a su nueva casa, la sucursal de una caja de ahorros. Colocó sobre las baldosas su colchón formado por unos cuantos periódicos viejos, se tapó con dos mantas mugrientas y se dispuso a dormir. Él sí que necesitaba un regalo que le llenara el corazón. Y la barriga.
29 de septiembre de 2008
JESÚS FERNÁNDEZ

THIS CLOAK FULL OF MISERY AND MUD
Tú que piensas esto o lo otro
Tú que tienes un precioso sombrero
Tú que hueles las seminales auras de
Jóvenes poetas sexys
A ti nunca te ha cubierto
Este abrigo lleno de miseria y barro.
Tú, que nunca marcharás con los
Doce apóstoles de la santa codicia
Tú que tienes un pantalón para cada día de la semana
Tú que nunca has odiado a la humanidad
Tú que piensas que el amor es algo sencillo
Nunca has sido cubierto por
Este abrigo de miseria y barro.
Tú que ni sabes el precio de un beso
Tú que ondeas la cruz y la moneda
Ni hambriento ni sediento
Tú con dientes blancos como la leche
Tú que nunca has tenido un arma
Nunca te ha cubierto
Esta abrigo de miseria y barro
Asi que no leas versos venenosos ni revistas para adultos
Mantén tu sexo inmaculado
Vosotros que nunca pensabais en la Muerte
Que nunca visitasteis un hospital
Vosotros que pensabais que el amor era algo sencillo
A vosotros nunca os cubrió
Este abrigo de miseria y barro.
26 de septiembre de 2008
JENNIFER THORNDIKE

POLVO
Me di cuenta de que algo había cambiado en ti porque ese día caminé descalza desde la puerta de la casa hasta el sillón y sentí las plantas de mis pies ásperas. Me senté, y al levantarlas, noté que estaban grises. Nunca habías dejado que se acumulara ni la más delgada película de polvo en mis muebles, en mis adornos y menos en mi piso de parquet. Entonces sentí un escalofrío. Seguro habías decidido ignorar aquellas imposiciones patriarcales que te obligué a aprender y cumplir a cambio de un plato de comida y una cama caliente: limpiar, cocinar, hacer la compra, lavar la ropa, no tocar mis libros, no prender el televisor a menos que fuera para ver programas que no te hicieran razonar demasiado, pedir permiso para salir, hablar, pensar, callarte cuando hablo, callarte si no te hablo, salir acompañada, llegar a la hora exacta, arrodillarte como una perra y abrir las piernas cada vez que yo lo quisiera. Así me querías porque no tenías a nadie y tu necesidad era más grande que tu orgullo, ¿verdad? Siempre fue así, no lo dudo.
El día que te encontré, llevaba una fotografía de ella cuando era joven. Ella. Dicen que me parezco a ella, que heredé sus ojos. Y sus ojos me miraron desde esa fotografía que me sirvió de referente. Tenía que hallarla entre esas caras renegridas, esos cuerpos famélicos, esos pies sucios. Entonces te vi, fumabas con desesperación. Pasta, seguro. Seguro tenías hambre. Al verme estacionar el auto a tu lado, sonreíste con esa misma expresión adolorida que ella presentaba en esa foto que en ese momento arrugué entre mis manos. Además tenías las mejillas hundidas y esas piernas largas como postes de luz que me hicieron recordar todas las veces que ella se iba a trabajar vestida con minifalda y tacones y llevaba una maleta. Yo me reía a carcajadas porque sabía que no regresaría en varios días. Así era ella, no aceptaba tratos de una noche. Mínimo cinco días, mi amor, y estoy en dos horas donde quieras. Cuán feliz era yo en esos momentos, tan feliz como cuando bajé del auto, te tomé por la muñeca y te prometí todo cuanto pude prometer para que vinieras conmigo. Y en ese restaurante al que te llevé, atragantándote con un arroz chaufa, aceptaste para no volver a ese callejón que olía a mierda y para tener lo que nunca habías tenido, pero no para que yo hiciera contigo lo que no pude hacer con ella. ¿Por qué, qué he hecho mal?, preguntabas cada que terminabas sangrando, o tan cansada que no podías ni abrir los ojos. Porque ella también lo hizo conmigo y peor, peor… mejor huérfana, mejor huérfana, mejor huérfana, repetía como un mantra y luego te daba una bofetada en la boca para callarte y reírme a carcajadas cuando tus labios se teñían de rojo. Qué estúpida eras, qué tonta.
Pero sé que has cambiado, sé que algo tramas y te admiro porque yo hace tiempo hice lo mismo. ¿Y por qué conmigo? La venganza no era contra mí, preguntaste cuando te lo conté. Ella se largó cuando se dio cuenta que algo había cambiado en mí, se fue con la maleta, con los tacones, con la minifalda, cinco días, cinco nada más, cinco días y todo terminaría o comenzaría, pero no, no. Qué estúpida eres, qué tonta, me dijo y cerró la puerta sonriendo y tú te callas y cumples con tu papel, hija de puta, ¡no me vuelvas a preguntar por de ella! Ese día me miraste por primera vez con odio y probablemente, despertaste del letargo. Ahora te temo porque sé que me harás pagar por cada golpe, por cada marca, por cada violación, por cada plato lavado, por cada botón que has cosido, por cada noche que te la pasaste despierta por miedo a amanecer muerta. Mejor huérfana, dirás y yo sonreiré. Entonces no me voy, te espero, linda, te espero tanto como te quiero y como te admiro. Te espero fumando y con los pies sucios, tal y como te encontré.
24 de septiembre de 2008
ZULMA ZUBILLAGA

PALABRA EN LA PENUMBRA
“De lámpara a lámpara, de día a muerte,
con plegarias de raíces que se desprenden...”
Enrique Molina
de no saber en cuánto polvo o fuego
se desprende el alma
así tendida o desatada en brazos finos
como leve en aleteos
- palabra dividida en la penumbra -
resisto este silencio
de buscar hollar sentir
la carne tan ajena separada
en pozos de algo o alguien que levita
encima de la luz
o bajo de ella
cuando alarga ofrece su perfume
el tiempo
o quiebra el cuello de la muerte
como un rito:
no nací en la mecedora del amor
pero tus ojos tan helados
vientos perfumaron el vientre
que se apaga o muere en agua seca
del nacer apenas en un pujo
porque si camino en
salves de inocencia
o pruebas de la sal en perdigones tristes
en huesos que resisten
a pesar de todo
oh celo del regazo en oro de lo oscuro –
vaya en contrición
la pena que desnuda
el centro de lo suave
en esta carne invicta rota
en espejismos
echada para el lado de lo oscuro
cerrada para el lado de lo simple
entre ángeles cansados
y poesía
22 de septiembre de 2008
TERESA RUBIRA

SOBRE PIEL DE MUJER
Sobre piel de mujer escriben los silencios.
Sobre piel de mujer siembran los campos
donde trillada mies se hace sendero
de espigas derramadas.
Sobre piel de mujer, paren las rosas
en espinado abrazo.
Sobre piel de mujer , el universo,
llanto mar de gaviota que reclina
su vuelo regresada.
Sobre piel de mujer, cruces sin clavos,
un río grande, ahogado de palabras.
Arrebatados besos, traiciones escondidas
con marcas
y marcadas.
Pero sólo...
sobre piel de mujer, crecen las hojas
de múltiple y serena enredadera
alzada
hasta llenar los vacíos y las nadas .
Incunable de páginas doradas
como manos abiertas,
donde brotan cuajados los renglones
de venosa tinta amapolada.
Sobre piel de mujer enamorada,
tanto fuego de amar, en la manera,
tanta locura suelta, tanto abrazo,
tanta piel de manos tan envuelta.
Sobre piel de mujer, altivo techo
de trabajo y jornada,
arado pie desnudo, mano azada
escarbando negruras,
sudores de barbecho,
o por lejanas cuencas , rescatando miradas.
Sobre piel de mujer verduga de penumbras,
vestidora de ausencias,
infinitas paciencias,
iluminadas noches enveladas.
Enternecidos sueños
y hermosas alboradas...
Sobre piel de mujer, completa, amanecida,
se hizo blanca la paz , y sus montañas,
de cumbres sin medida,
Sobre piel de mujer, sobre piel de mujer ... ¡rueda la vida!.
16 de septiembre de 2008
ARADHEL

LAS HOJAS CAEN DORADAS...
caen suavemente
sin perturbar el aire,
sin un lamento.
ocultando su desnudez,
prestando al bosque un abrigo,
protegiéndole del frío invierno...
susurrando en el silencio,
caen suavemente,
a veces un leve suspiro,
una vibración en el tiempo.
ocultando su desnudez,
prestando un calido abrigo,
protegiéndole de su desconcierto...
www.nubaredicion.blogspot.com
9 de septiembre de 2008
AITOR MARIN CORRECHER

AYER, MAÑANA, AHORA.
son centímetros y segundos,
y que han sido años y calles,
nos buscamos las miradas entre haces de luz.
Y filtrados por los cristales del olvido
tus ojos me arañan el pecho,
me zarandean el alma
que tuve en algún tiempo viejo,
de horas que pasaban como trenes
de plomo y madrugada.
Y es lejano
el vaho resacoso de nuestras bocas,
el olor a incendio
en el verano de nuestras pieles,
tan desconocidas ya,
que no se rozan y arden sábanas,
que no se humedecen y resbalan
una en otra
en ritual.
Mis ojos registran los tuyos
y en un rincón,
el más negro y profundo
de tu abismal pupila,
me encuentro abrazando el recuerdo
vaporoso de tu cuerpo.
Me hablas con voz de hielo
y la luz quemada de tu rostro
tirita y desaparece
junto a mi adiós de ceniza.
28 de agosto de 2008
JOSÉ ANTONIO BANDA
----------------------------------A Briseida
Es tu rostro grano de arena inmenso,
tu voz, río después de la cascada,
en tus ojos se distingue el brillo de las hojas,
los círculos concéntricos del jardín inquieto.
Tu dedo índice señala lo que no es visible
--------------a los ojos que son nuestros ojos,
vives inmersa en la sonrisa del viento
que pasa por nuestros cabellos.
Tú me otorgas al abrir los ojos palabras líquidas,
la partida del castillo de habitaciones horadadas
al campo de oleaje interminable.
La perfección del mundo es una sílaba
-------------------------que sólo tú conoces.
----------------------------------Alcorcón, España, 2007
11 de agosto de 2008
CARLOS G. BURGOS
Caja negra de mis otras vidas.
Fuente inagotable de avatares.
Azote brillante de mi retina,
rienda de mis pulgares.
Por ti no moriría.
Pero he muerto en mil lugares.
Tras tu puerta,
soy quien yo querría,
un héroe de alma ‘errante’.
Luz celeste en mi agonía.
Eres pórtico de Antares.
Fuente de mis desvelos.
Forja y martillo de deidades.
Sólo en tu penumbra,
Consigo burlar a la muerte
al reencarnarme de la mía
en otra de tantas suertes.
Y caigo en la más impía,
cuando tengo que apagarte.
El yelmo se torna ‘bacía’,
pica en escoba sin estandarte.
PLAY STATION
4 de agosto de 2008
JULIETA VIÑAS ARJONA
e
e
e
e
Me he propuesto jugar a la vida de pueblo.
Comprar naranjas al señor de la esquina
-este juego sólo es factible en mi barrio,
un ex-pueblo-
rastrear el sosiego en las callejuelas lindantes
a la iglesia, y encontrar algún perro dormitando
en el empedrado;
contemplarlo,
sin sentir premura por llegar a ningún sitio,
sin pretender destilar el tiempo.
Después quisiera que vengas donde estoy
con la única pista que pudiera sugerirte
la luz del día,
sin otros mensajes que no sean certezas,
la de saber tomar el camino hacia mi casa
y luego dejar caer tu mano
sobre mi puerta.
Texto: Julieta Viñas Arjona

