Revista de creación artística y literaria
30 de octubre de 2008
JESÚS BENAGES
DURANTE TODAS LAS SOMBRAS DEL DÍA
Observo todo aquello que parece individual o dirigido.
La preocupación se desplaza consciente y hambrienta.
Me subo a lo alto de la acera y observas,
Pierdes el sentido y un vértigo de diez centímetros te paraliza.
Simplemente es mejor no entender la vida de un hombre,
El ser pretérito y circunstancial.
Y no es miedo, ni un testigo común, o desmesurada inmadurez,
Lo que me lleva a escribir esto.
26 de octubre de 2008
LUNA MIGUEL
22 de octubre de 2008
JOSEP M RODRIGUEZ

CUATROCIENTOS
Yo quería contar tus lunares
uno, dos, tres cuatro, cuatrocientos,
y todas las lápidas se interponían entre nuestros cuerpos,
ahora insípidos lugares que no frecuentar.
Si te hubiera dicho que sí,
A la noche desvestida y al licor ardiente
Ahora les faltaría la fuerza de matar.
Yo solo quería contar tus lunares
uno, dos, tres cuatro, cuatrocientos,
y tu espalda era una puerta sin mirilla.
Hoy ya no quedan muertos en mis ojos
Y en tu puerta ,
El lugar de mis nudillos
lo ocupa un lamento mudo.
Yo solo quise contar sus lunares,
Uno, dos, tres, cuatro, cuatrocientos,
El tiempo mordiéndome la muñeca
Y el sol desgastándolo todo
Como en una vieja polaroid.
19 de octubre de 2008
FRANCISCO MUÑOZ SOLER

HALLAR LAS DIMINUTAS ESENCIAS
Hallar las diminutas esencias
que vagan con frecuencias propias
en un universo de constelaciones
repletas de enanas y gigantes,
encontrar la catarsis
que catalice inesperadamente
las electromagnéticas sustancias
y trasvasarlas hasta mis ondas
para germinar palabras, matices
trasladarlas con el eje exacto
en el que sus múltiples aristas
converjan y dispersen
encontrándose a sí mismas,
que esas complejas y corpóreas formas
encuentren hogares propios
cuando mis vértebras
las impulsen hacia destinos inciertos
y me quede huérfano de mi mismo.
Etiquetas:
Francisco Muñoz Soler
12 de octubre de 2008
9 de octubre de 2008
5 de octubre de 2008
CRISTIAN A. ASTIGUETA
quisiera / regresar a casa / coser mis muñecas / virar la lluvia / la ventana / oír el pecho de mamá / lamerme el alma / descansar / / pero los ángeles / echaron abajo el puente / i mis córneas / los ángeles no dormimos (dijiste) / i el polvo blanco / reptaba / rumbo al cielo / quisiera / perder mi corazón / en una gran avenida / saturada / de perras / insanas / quisiera / saber / oh! beat! / cómo te hiciste reina? / tú / tú que eras el mejor polvo / del universo / quisiera / olvidar
1 de octubre de 2008
ROGER FERRER

REGALOS QUE LLENAN EL CORAZÓN
«Regale cosas que llenen el corazón de los suyos.» Eso era precisamente lo que necesitaba, pensó con ironía Juan Barjuán. Éste y otros cárteles similares con increíbles descuentos y recordatorios de las fiestas navideñas, incitaban desde los largos escaparates del centro comercial. «Galerías Felicidad le propone increíbles ofertas que no puede dejar pasar.» Según anunciaba la publicidad del gran almacén, ése era el único lugar del mundo donde se podía encontrar cualquier cosa.
De camino hacia su nueva casa, Juan Barjuán pasó ante un escaparate donde se exponían televisores grandes como su carrito de la compra; luego, en el siguiente aparador, se exhibían maniquíes en provocativas poses. Por la tardía hora de ese atardecer de invierno, debía de faltar poco para que cerraran. La temperatura bajaba cada vez más; el frío se le colaba por los agujeros del gorro de lana y del gabán viejo. ¿Y lo calentito que estaría dentro de Galerías Felicidad?
En una de las esquinas del gran almacén se ubicaba el sector de la alimentación con su correspondiente restaurante. Hasta Juan flotó el apetitoso aroma de cafés, pan caliente, pastas. Era tan tarde... ¿Cuánto debía llevar sin comer? Se le hizo la boca agua. Tal vez lograría engañar al hambre persuadiéndose de que también se comía por la vista y el olfato.
La última de las secciones expuestas en el largo aparador estaba especializada en el mobiliario del hogar; Juan observó detenidamente los cómodos colchones. «Ideados para aquellas personas que no se conforman con poco», leyó.
Dejó el centro comercial; cruzó la calle y se dirigió a su nueva casa, la sucursal de una caja de ahorros. Colocó sobre las baldosas su colchón formado por unos cuantos periódicos viejos, se tapó con dos mantas mugrientas y se dispuso a dormir. Él sí que necesitaba un regalo que le llenara el corazón. Y la barriga.
De camino hacia su nueva casa, Juan Barjuán pasó ante un escaparate donde se exponían televisores grandes como su carrito de la compra; luego, en el siguiente aparador, se exhibían maniquíes en provocativas poses. Por la tardía hora de ese atardecer de invierno, debía de faltar poco para que cerraran. La temperatura bajaba cada vez más; el frío se le colaba por los agujeros del gorro de lana y del gabán viejo. ¿Y lo calentito que estaría dentro de Galerías Felicidad?
En una de las esquinas del gran almacén se ubicaba el sector de la alimentación con su correspondiente restaurante. Hasta Juan flotó el apetitoso aroma de cafés, pan caliente, pastas. Era tan tarde... ¿Cuánto debía llevar sin comer? Se le hizo la boca agua. Tal vez lograría engañar al hambre persuadiéndose de que también se comía por la vista y el olfato.
La última de las secciones expuestas en el largo aparador estaba especializada en el mobiliario del hogar; Juan observó detenidamente los cómodos colchones. «Ideados para aquellas personas que no se conforman con poco», leyó.
Dejó el centro comercial; cruzó la calle y se dirigió a su nueva casa, la sucursal de una caja de ahorros. Colocó sobre las baldosas su colchón formado por unos cuantos periódicos viejos, se tapó con dos mantas mugrientas y se dispuso a dormir. Él sí que necesitaba un regalo que le llenara el corazón. Y la barriga.
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