
Primero la calle se llenó de niños que enseguida
fueron muchachos y muchachas alargados.
Parecía que la vida iba a ser sólo
sábado por la tarde para siempre.
Si se ataban los extremos de la calle
quedaba una verbena de bromas y suspiros
en zigzag.
No sé cuándo, en qué momento
el aire allí atrapado encontró un resquicio
y hay algunas fotos de antes y después
pero no del delito.
Nos habían advertido los viejos
que tomaban la sombra de su sombra
-sólo ellos, porque ellas cosían calcetines
para olvidar-
nos habían dicho: yo también tuve piernas
y no pude huir.
Pero no sirven los oídos de un tiempo para otro.
No sé cuándo dejó la calle de moverse
y volvieron a tomarla los arbustos
los perros que olisquean el largo aburrimiento
y los viejos
con ese único ojo que mira hacia el final.
Si se ataban los extremos de la calle
quedaba una verbena de bromas y suspiros
en zigzag.
No sé cuándo, en qué momento
el aire allí atrapado encontró un resquicio
y hay algunas fotos de antes y después
pero no del delito.
Nos habían advertido los viejos
que tomaban la sombra de su sombra
-sólo ellos, porque ellas cosían calcetines
para olvidar-
nos habían dicho: yo también tuve piernas
y no pude huir.
Pero no sirven los oídos de un tiempo para otro.
No sé cuándo dejó la calle de moverse
y volvieron a tomarla los arbustos
los perros que olisquean el largo aburrimiento
y los viejos
con ese único ojo que mira hacia el final.
Texto: Amparo López Pascual
www.lacoctelera.com/noesposible
7 comentarios:
Precioso poema Amparo.
A veces nos movemos de un lado a otro para seguir en el mismo sitio.
El verso final definitivo
¡No es posible! jejeje Amparo, un poema fantástico, y por sorpresa. Me ha encantado, de verdad. Felicidades.
Un beso,
Fran
¡Precioso!
Saludos.
Delicioso e inquietante, con una atmósfera de vida mezclada con la muerte que me ha transportado, no sé bien por qué, a la Comala de Rulfo.
Cierto lo de Comala...
Siento una especie de alivio y agradecimiento cuando en un poema hallo las palabras que andaba buscando.
Gracias y enhorabuena
Maravilloso. Me ha tocado.
"Isidora es, pues, la ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isidora llega a avanzada edad. En la plaza está la pequeña pared de los viejos que miran pasar la juventud; el hombre está sentado en fila con ellos. Los deseos son ya recuerdos."
Italo Calvino: Las ciudades invisibles.
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