UNGIDA LA LENGUA, COMO EL CORCHO
Ungida la legua como el corcho,
embotada la sensibilidad;
Nada espero. De mí, la palabra se deshace
para que su pérdida no tenga rastro;
se diluye en la eternidad errabunda,
muere, en mí mismo, sin deseos.
Mi testamento es de espesa sustancia;
la que el corazón segrega, la que no flota
y se hunde en el fondo.
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